

Hoy es el Día Mundial de Toma de Conciencia de Abuso y Maltrato en la Vejez, una fecha que no busca celebrar, sino incomodarnos, hacernos reflexionar y, sobre todo, actuar.
Cuando hablamos de maltrato a las personas mayores, solemos pensar de inmediato en la violencia física. Pero existe un enemigo silencioso que duele igual o más: el maltrato invisible.
El abandono, la indiferencia, la infantilización («hablarles como si fueran chicos»), dejarlos al margen de las decisiones familiares o desestimar sus dolores y emociones también son formas de violencia.
Nuestras personas mayores son historias vivas, son quienes construyeron el camino que hoy pisamos. Merecen habitar su vejez con la misma dignidad, respeto y autonomía con la que vivieron el resto de sus vidas.
Podemos sumar desde nuestro lugar conversar, sin apuros, no decidir por ellos si aún pueden y quieren hacerlo, estando atentos un cambio repentino en su humor, el aislamiento o el descuido de su salud pueden ser señales de alerta de que algo no anda bien.
La vejez no es una etapa de descarte; es un reflejo del futuro que a todos nos espera. Cuidar, proteger y valorar a nuestros mayores no es solo un deber familiar, es la base de una sociedad humana.
Si sos testigo o víctima de una situación de maltrato o vulnerabilidad, no te calles.